Me llama la atención una de las características del mundo en que vivimos hoy día: la facilidad para la desconexión.

Desconexión ¿de qué? De nosotros, del mundo, de los demás y, en definitiva, de nuestra realidad. La sociedad de hoy nos ofrece infinitas opciones para desconectar de nosotros mismos, para vivir distraídos, para estar sin estar, huérfanos de nosotros mismos.

Concentrarse en algo requiere de dos movimientos simultáneos: por un lado, enfocar “algo”, atenderlo, y por otro, negar todo lo demás, desatenderlo, descansar de ello, soltarlo. Es en esta segunda operación en la que hoy tenemos grandes dificultades, somos enfermizamente positivos, decimos que sí a todo, estamos constantemente disponibles. Cualquier mensaje que llegue a nuestros móviles sobre cualquier tema superfluo nos hace desconectar de la película que estamos viendo, de la conversación que estoy teniendo o del libro que estaba leyendo.

Nuestros dispositivos móviles están ideadas para ser invasivos. Más que atractivos son impactantes, no se caracterizan por ser interesantes para nuestros intereses o inquietudes personales sino por lo superficialmente llamativo de una melodía, una imagen o un titular.

Estos dispositivos de comunicación han creado una atmosfera virtual de relaciones sociales donde todo es líquido, impersonal, donde no hay apoyo, cariño ni comprensión real, donde a todo contacto le falta el aroma de la presencia real. Por esto, a todo contacto a través del mundo virtual siempre le falta algo, le falta la intimidad de una relación real (presencial). La intimidad surge cuando dos personas se muestran vulnerables mutuamente y la principal característica de las redes sociales es que permiten contactar sin dejar de esconderse, es decir, nos permiten espiarnos más que relacionarnos…y ya sabemos, el que espía siempre está fuera de lo que mira, no está participando.

En definitiva, les redes sociales, por poner un ejemplo, nos pueden entretener, pero no nos van a hacer sentir acompañados…tan solo nos van a distraer de nuestra soledad…y tan solo por un momento.

Sinceramente no creo que estas “redes sociales” sean algo perjudicial ya que amplían nuestra capacidad de trasmitir y comunicar información. Considero que lo dañino es que se conviertan en un sustituto de la “vida presencial”, la que se produce cuerpo a cuerpo, la que muchas veces es dolorosa y que en definitiva es nuestra vida más real…en la que queremos que nos pasen las cosas…

D. Erades

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